Afectación Intestinal
Afectación intestinal y digestiva de la endometriosis:
mucho más que un “colon irritable”
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria, sistémica y estrógeno-dependiente que va mucho más allá de la pelvis. Aunque culturalmente se la ha etiquetado como un “problema de la regla”, el tejido similar al endometrio puede infiltrar cualquier estructura del abdomen, y el tubo digestivo es uno de sus destinos más frecuentes y complejos.
Comprender este impacto a nivel intestinal resulta vital. Básicamente, sirve para validar todos esos malestares que llevas años aguantando, esos mismos síntomas a los que en tantas consultas apenas prestaron atención, diagnosticando deprisa y corriendo un supuesto colon irritable o tardando una eternidad en darte respuestas reales.
Todo lo que vas a leer en esta sección nace de la ciencia. Nos basamos estrictamente en evidencias sólidas y en guías internacionales recientes, como los protocolos de la ESHRE, para que entiendas qué está pasando dentro de tu cuerpo. Porque no estás loca. Ese dolor agudo justo después de comer, el suplicio al ir al servicio o esa hinchazón tan exagerada que no te deja ni cerrar el pantalón tienen una explicación clínica. No te lo estás inventando. Tienen una base fisiopatológica real y, sobre todo, soluciones concretas cuando te pones en manos expertas.
La huella invisible: cuando la inflamación sistémica enferma al intestino sin invadirlo directamente
Curiosamente, no hace falta que un nódulo de endometriosis se adhiera de forma directa a la pared del intestino para que tu sistema digestivo sufra las consecuencias. De hecho, vemos a diario a mujeres con síntomas digestivos incapacitantes en las que, anatómicamente, el intestino parece estar "limpio".
Esto suele desconcertar tanto a las pacientes como a los médicos que no están especializados en la patología. Sin embargo, la ciencia es clara al respecto: la propia inflamación crónica que desencadena la enfermedad es capaz de alterar profundamente cómo funciona todo tu aparato digestivo. ¿Cómo lo hace?
1. Disbiosis y el famoso «intestino permeable»
El ambiente inflamatorio que se genera en la pelvis libera altos niveles de citoquinas (moléculas proinflamatorias como la IL-1β, TNF-α o IL-6). Estas sustancias viajan y modifican el equilibrio de nuestra microbiota, dañando además las uniones que mantienen firmes a las células de la pared intestinal.
2. El sobrecrecimiento bacteriano (SIBO)
Toda esa inflamación pélvica puede ralentizar el ritmo natural del intestino a través de reflejos nerviosos. Al moverse más despacio, se crea el escenario perfecto para que las bacterias proliferen donde no deben, especialmente en el intestino delgado.
Los estudios nos indican que la prevalencia del SIBO es significativamente mayor en mujeres con endometriosis, lo que se traduce en gases, digestiones muy pesadas, alternancia entre diarrea y estreñimiento, y en ocasiones, déficits nutricionales.
3. Hipersensibilidad visceral y un sistema nervioso en alerta
La inflamación no se queda solo en el tejido. Con el paso del tiempo, sensibiliza las terminaciones nerviosas del intestino y llega a reconfigurar la forma en que la médula y el cerebro procesan el dolor (lo que llamamos sensibilización central).
Por esta razón, estímulos normales y cotidianos, como un leve movimiento de gases, se traducen en un dolor agudo. El umbral del dolor digestivo baja drásticamente, provocando que el abdomen viva en un estado de hiperalerta constante.
4. Disfunción de la motilidad y el falso Síndrome de Intestino Irritable (SII)
A veces, la inflamación crónica y la fibrosis reactiva interfieren directamente con la red de nervios que controla el movimiento intestinal (los plexos mientérico y submucoso). Esto provoca patrones de tránsito erráticos: desde un estreñimiento severo hasta diarreas súbitas.
Nódulos y adherencias: cómo la endometriosis altera la anatomía y compromete la función intestinal
Cuando la endometriosis sobrepasa la superficie del peritoneo e infiltra los tejidos subyacentes, nos encontramos ante lo que clínicamente denominamos endometriosis profunda. Tras los ligamentos uterosacros y el tabique rectovaginal, el intestino es el órgano que se ve afectado con mayor frecuencia. Existe una especial predilección por la unión rectosigmoidea y el recto anterior, seguidos en menor medida por el apéndice, el ciego y el íleon terminal.
En este grado de infiltración, la enfermedad deja de ser un problema puramente funcional. Se manifiesta a través de nódulos sólidos que invaden la pared del intestino y de un tejido cicatricial denso (adherencias) que inmoviliza estructuras anatómicas que, en condiciones normales, deberían gozar de total libertad de movimiento.
El impacto de los nódulos intestinales
A nivel histológico, estas lesiones están formadas por glándulas y estroma endometrial, pero su rasgo más destructivo es la formación masiva de tejido fibroso y músculo liso. Tienen la capacidad de penetrar las distintas capas del intestino (la serosa y la muscular), llegando a menudo hasta la submucosa.
Aunque por lo general respetan la capa más interna (la mucosa), en estadios avanzados pueden llegar a erosionarla. Esto provoca sangrados rectales que coinciden exactamente con el ciclo menstrual, un signo clínico clave conocido como rectorragia catamenial.
La presencia de este tejido actúa como un cuerpo extraño en el organismo. Al rigidizar un órgano que requiere elasticidad constante para cumplir su función, desencadena una serie de consecuencias clínicas muy específicas:
Dolor evacuatorio (disquecia) y tenesmo
Cuando el recto se contrae sobre una lesión fibrótica, genera un dolor agudo y punzante. A esto se le suma el tenesmo: al ocupar espacio y presionar la zona, el nódulo "engaña" a los nervios y provoca esa sensación constante, urgente y frustrante de tener que ir al baño, incluso cuando el intestino está vacío. Al tratarse de un daño estructural y mecánico, este malestar se vuelve continuo e incapacitante, independientemente de si tienes o no la menstruación.
Estreñimiento crónico de perfil obstructivo
El nódulo no solo resta movilidad a la pared del intestino, sino que estrecha su conducto (la luz intestinal), dificultando el movimiento peristáltico natural. En la consulta, esto se traduce en pacientes que relatan la necesidad de realizar un esfuerzo extremo para evacuar, sensación constante de vaciado incompleto, heces anormalmente finas y, en los casos más severos, la necesidad de recurrir a maniobras manuales.
Cronificación del dolor pélvico
Aunque la naturaleza hormonal de la enfermedad hace que los síntomas digestivos empeoren drásticamente con la regla, el avance progresivo de la fibrosis termina por difuminar este patrón cíclico. El dolor tiende a volverse continuo, lo que a menudo confunde el cuadro clínico general y retrasa el diagnóstico correcto.
Afectación apendicular e ileocecal
Si la enfermedad alcanza el apéndice o el ciego, puede mimetizar a la perfección los síntomas de una apendicitis aguda (apendicitis catamenial). Genera un dolor intenso en la fosa ilíaca derecha, acompañado de náuseas y alteraciones bruscas del tránsito intestinal.
Adherencias: la inmovilización y distorsión de la arquitectura pélvica
Las adherencias no son un síntoma aislado, sino la consecuencia directa del entorno inflamatorio crónico que caracteriza a toda endometriosis, incluso en sus formas más superficiales.
Consisten en bandas de colágeno denso que actúan como un anclaje interno, fusionando órganos que por naturaleza deben deslizarse suavemente entre sí (como el útero con el recto, o los ovarios con las asas intestinales).
Esta alteración severa de la anatomía pélvica tiene un impacto mecánico directo y grave en la calidad de vida diaria de la paciente:
Alteraciones del tránsito por angulación
Si un asa del intestino queda adherida a la pared pélvica o al fondo de saco de Douglas, puede doblarse sobre sí misma, impidiendo el avance normal de las heces y los gases. Esto provoca episodios intermitentes de suboclusión, acompañados de dolor tipo cólico, distensión abdominal severa y vómitos, exacerbándose habitualmente durante la fase menstrual por el aumento de la congestión circulatoria en la pelvis.
Dolor neuropático por tracción
Las bandas adherenciales ejercen una tensión constante e irregular sobre áreas ricamente inervadas, llegando a atrapar terminaciones del nervio hipogástrico o del plexo sacro. Como resultado, un simple movimiento peristáltico del propio intestino puede irradiar un dolor profundo, difuso y altamente incapacitante.
Dispareunia profunda y dolor de rebote
El impacto mecánico inherente a las relaciones sexuales moviliza bruscamente estas estructuras fijadas y los nódulos rectales. Esto desencadena un dolor agudo que, lejos de cesar tras el coito, puede prolongarse durante horas o días, exacerbando de forma simultánea todas las molestias digestivas.
Desde una perspectiva clínica integral, es imperativo comprender que las lesiones nodulares y las adherencias comparten un mismo origen patofisiológico. Cuando la endometriosis compromete el tracto intestinal, la sintomatología trasciende las fronteras tradicionales de las especialidades médicas. No nos enfrentamos a un cuadro clínico "exclusivamente ginecológico" ni "puramente digestivo", sino a una patología estructural compleja que exige, de forma ineludible, una evaluación y un manejo médico-quirúrgico multidisciplinar.
El desafío invisible: cuando la endometriosis alcanza el intestino delgado
Hablamos de un escenario clínico infrecuente, pero de extrema gravedad. Apenas entre un 0,3 % y un 5 % de las lesiones intestinales endometriósicas logran asentarse en el intestino delgado, específicamente en los tramos del yeyuno y el íleon. Ahora bien, que las estadísticas sean bajas no debe llevarnos a engaño. Lejos de ser una mera anécdota médica, estamos ante una de las manifestaciones más severas de esta patología. ¿El motivo fundamental? Su diagnóstico suele llegar tarde y, cuando por fin da la cara, acostumbra a hacerlo en forma de crisis aguda.
La anatomía pélvica explica en gran medida esta paradoja. Por regla general, la enfermedad profunda tiende a echar raíces en estructuras estáticas como el recto o el sigma. Las asas del intestino delgado, gracias a su movilidad natural, suelen escapar al tejido ectópico. Sin embargo, esta protección desaparece si la paciente sufre adherencias previas que inmovilizan la zona. Una vez atrapado, el intestino padece la aparición de implantes que, con el paso de los ciclos, derivan en nódulos rígidos. En los escenarios clínicos más complejos, las asas intestinales quedan literalmente secuestradas dentro de lo que en cirugía denominamos una "pelvis congelada".
Los riesgos mecánicos y el temido colapso vascular
La infiltración del intestino delgado desencadena una cascada de complicaciones anatómicas graves. En primer lugar, la obstrucción. Al crecer sobre un conducto que ya es estrecho de por sí, el nódulo reduce drásticamente el calibre intestinal. Quien lo padece experimenta un intenso dolor cólico central, vómitos y un bloqueo absoluto del tránsito.
Si a esto le sumamos la inflamación y el edema propios del ciclo hormonal, lo que era un estrechamiento parcial puede transformarse rápidamente en una oclusión intestinal total que obliga a actuar en quirófano.
🚨 El peligro mayor: Isquemia y Necrosis
La potente fibrosis generada por la endometriosis es capaz de estrangular los vasos mesentéricos encargados de nutrir ese segmento del intestino. Cuando la sangre deja de fluir, el tejido chemoasociado comienza a morir (isquemia).
Clínicamente es inconfundible: dolor desproporcionado al palpar el abdomen y picos alarmantes de ácido láctico en la analítica de urgencia. Aquí el tiempo es oro y se exige una laparotomía inmediata antes de que la porción intestinal se necrose de forma irreversible.
El complejo camino hacia un diagnóstico certero
La imagenología convencional suele tropezar al evaluar el intestino delgado. Para visualizar este tramo con el rigor necesario dependemos de técnicas avanzadas y de alta resolución:
Enterografía por TAC o Resonancia (Entero-RMN)
Permite rastrear de forma milimétrica las asas. A través de ellas, un radiólogo especializado buscará señales extremadamente sutiles.
Signos Clave a Rastrear
Engrosamientos localizados en la pared intestinal, zonas de estrechamiento suave y el clásico signo de la «retracción mesentérica», una huella anatómica casi inequívoca de la enfermedad.
La Regla de Oro en Urgencias Hospitalarias
Frente a una mujer (sobre todo en edad reproductiva, aunque no siempre) con una obstrucción intestinal inexplicable, y especialmente si relata que sus problemas digestivos muestran un patrón clínico adverso o crónico, descartar una endometriosis profunda debe encabezar siempre las quinielas diagnósticas.
Peritonitis:
el punto crítico en el tubo digestivo
La peritonitis encarna el fracaso de los mecanismos de contención estructural de nuestro cuerpo. Se trata de una inflamación aguda y potencialmente mortal del peritoneo (la cavidad estéril que aloja nuestros órganos), provocada por el vertido de heces, bacterias y fluidos digestivos. En el curso de una endometriosis intestinal severa, cualquier porción afectada por nódulos profundos es susceptible de acabar perforándose. Es decir, no es patrimonio exclusivo del intestino delgado; el recto, el colon y el apéndice también pueden colapsar.
Sin embargo, el contexto y los tiempos de reacción varían enormemente dependiendo del órgano que ceda.
El estallido fulminante del intestino delgado
Cuando el yeyuno o el íleon se perforan, lo hacen casi siempre como un evento catastrófico y repentino. Lo más alarmante es que suele ocurrir en pacientes sin historial previo de endometriosis digestiva. Las paredes de estos segmentos son muy finas. Al ceder, liberan a gran velocidad un contenido altamente corrosivo que inunda la cavidad peritoneal.
El resultado es una infección difusa que evoluciona en tiempo récord. Si cruzamos la obstrucción, el daño vascular previo y la perforación final, nos encontramos ante una emergencia vital absoluta donde la supervivencia depende de intervenir en cuestión de horas.
El escenario en el colon y el recto: la rotura por desgaste
El intestino grueso, al poseer paredes más gruesas, plantea escenarios distintos. Por lo general, avisa con bastante antelación mediante meses o años de estreñimiento severo. Aun así, la rotura acaba abriéndose paso por vías muy concretas:
La perforación directa
A veces, el propio nódulo erosiona la pared del recto o el sigma desde el exterior hacia el interior. Si logra ulcerar la mucosa, el derrame fecal puede quedar encapsulado formando un absceso o verterse sin control. Esto desencadena la clásica peritonitis de manual: fiebre muy alta, dolor inmanejable y un abdomen completamente rígido ("vientre en tabla").
La dilatación extrema (rotura del ciego)
En este escenario la mecánica juega una mala pasada a distancia. Si un nódulo crea un tapón absoluto en la zona baja (el recto), los gases y las heces retenidos dilatan masivamente todo el intestino por encima del bloqueo. La presión interna sube tanto que el colon acaba reventando por su punto más ancho y débil: el ciego. Curiosamente, el tejido que revienta está sano, pero sucumbe víctima de la obstrucción situada mucho más abajo.
La afectación apendicular
Un simple implante endometriósico en el apéndice puede inflamarse con el ciclo menstrual hasta estallar, imitando a la perfección el cuadro clínico de una apendicitis común.
Conclusión Clínica Fundacional
El mensaje fundamental que debe prevalecer es el valor del tiempo. Mientras que el colon ofrece un margen diagnóstico amplio, el intestino delgado es silencioso e impredecible. Llegar a una peritonitis representa siempre cruzar una línea roja. La única estrategia médica verdaderamente ética y segura es adelantarse al colapso: programar una cirugía multidisciplinar y extirpar la enfermedad antes de que el daño en la pared del intestino sea irreversible.
La cirugía moderna:
precisión, preservación y el valor innegociable del equipo multidisciplinar
Si miramos atrás, la forma en que la medicina se enfrenta a la endometriosis intestinal ha dado un giro radical. El paradigma actual —ampliamente respaldado por las principales guías internacionales como ESHRE, BSGE y AAGL— ha desterrado la antigua máxima de "extirpar todo a cualquier precio". Hoy, el objetivo no es otro que erradicar el tejido infiltrante, sí, pero restaurando la anatomía y protegiendo al máximo la fertilidad, la función de los órganos y, por encima de todo, la calidad de vida de la paciente.
Alcanzar este equilibrio exige dejar atrás las resecciones agresivas o mutilantes que no estén estrictamente justificadas. En su lugar, la medicina moderna apuesta por una planificación preoperatoria exhaustiva, un refinamiento técnico exquisito y una condición que no admite debate: la entrada simultánea a quirófano de la ginecología especializada en endometriosis profunda y la cirugía digestiva colorrectal.
Operar la enfermedad, no sacrificar el órgano
Es vital comprender una premisa básica: la endometriosis no es un cáncer. No se rige por las leyes de invasión descontrolada de las patologías oncológicas. Por tanto, aplicar técnicas propias del cáncer (como resecciones masivas de intestino, la extirpación de ganglios o el vaciado uterino por defecto) carece de sentido anatómico y condena a la paciente a secuelas de por vida que eran evitables.
La filosofía quirúrgica actual se rige por una escalada terapéutica muy clara: afeitar siempre que se pueda, recurrir a la resección en disco si es necesario, y dejar la resección del segmento intestinal solo para cuando sea absolutamente imprescindible.
El afeitado (shaving)
Consiste en rebanar el nódulo de la pared intestinal mediante energía ultrasónica o láser, cuidando de no perforar ni abrir el tubo digestivo. Al ser la opción menos agresiva, es la que menor riesgo de complicaciones postoperatorias presenta, siendo la vía prioritaria para lesiones más superficiales. Eso sí, exige unas manos tremendamente expertas: el éxito de la intervención depende por entero de la precisión del cirujano. Si se deja atrás el más mínimo resto de tejido fibrótico adherido, los dolores cólicos y la inflamación no tardarán en reaparecer.
La resección discoidea
Cuando el nódulo ha penetrado a mayor profundidad (alcanzando la capa submucosa) o ya tiene un volumen considerable, pero sin llegar a estrangular más de la mitad del diámetro intestinal, esta es la alternativa idónea. Empleando un bisturí o grapadora circular, el equipo quirúrgico recorta un "parche" exacto en la zona enferma y vuelve a cerrar la pared. La enorme ventaja de este enfoque es que preserva la estructura original del órgano. Así, logramos mantener intacto el tránsito digestivo y el riego sanguíneo, minimizando el impacto funcional.
La resección segmentaria
Queda reservada para los escenarios más complejos. Hablamos de nódulos que estrechan gravemente el intestino abarcando más de un tercio de su circunferencia, o lesiones múltiples que han inutilizado un tramo por completo. Consiste en cortar esa porción dañada y volver a empalmar los extremos sanos. En unidades de referencia, las tasas de complicaciones graves (como fugas o estrecheces posteriores) apenas rondan el 2 % al 4 %, cifras abismalmente mejores que las que se registran en hospitales sin especialización en endometriosis profunda.
Las herramientas de la precisión: laparoscopia y robótica
Abordar la pelvis profunda requiere una meticulosidad absoluta. Hoy en día, tanto la laparoscopia avanzada como la cirugía robótica permiten a los cirujanos ejecutar maniobras de microcirugía reconstructiva que serían imposibles a simple vista en una cirugía abierta tradicional.
Laparoscopia avanzada
Esta técnica pone a nuestra disposición una perspectiva nítida, limpia y superampliada de toda la cavidad pélvica. Al adentrarnos en los tejidos con ópticas de altísima resolución, podemos explorar y desatar la anatomía en espacios minúsculos.
La clave aquí reside en la capacidad de separar, milímetro a milímetro, el tejido afectado por la endometriosis de las estructuras sanas circundantes. Esto nos permite extirpar la enfermedad protegiendo zonas críticas cuya lesión acarrearía secuelas complejas, como el nervio hipogástrico o los esfínteres de la paciente.
Plataformas robóticas
Sistemas como el Da Vinci transforman el campo quirúrgico al aportar una visión tridimensional real y una inmersión absoluta. Sus brazos articulados consiguen replicar los movimientos de las manos del cirujano con una ventaja añadida: multiplican el rango de giro de la muñeca humana dentro de la pelvis y anulan cualquier tipo de temblor fisiológico.
Es una tecnología que despliega todo su potencial en los escenarios anatómicos más angostos. Destaca de forma sobresaliente al abordar nódulos muy profundos y bajos, situados al límite del esfínter anal, un rincón con un margen de maniobra tan crítico que cada fracción de milímetro cuenta.
Con la evidencia científica actual sobre la mesa, ambas opciones ofrecen unos niveles de efectividad y tasas de éxito completamente equivalentes. No hay una técnica que aplaste a la otra por una superioridad técnica absoluta. Al final, la decisión de utilizar una plataforma robótica o un abordaje laparoscópico avanzado dependerá por entero de la destreza del equipo médico, la complejidad del mapa de la enfermedad y los recursos disponibles en el quirófano.
El pilar fundamental: ginecología y cirugía digestiva en el mismo quirófano
Ningún robot, por avanzado que sea, puede sustituir el criterio humano y el trabajo en equipo. La piedra angular del éxito en esta patología es la simbiosis total entre el ginecólogo experto en endometriosis y el cirujano colorrectal. Y este tándem no empieza en el quirófano, sino semanas antes, analizando conjuntamente las resonancias magnéticas y trazando un mapa preciso de la enfermedad.
Esta colaboración inseparable es la única que garantiza varios aspectos críticos:
Evaluación conjunta en tiempo real
El ginecólogo asegura la limpieza total de la pelvis, mientras el cirujano digestivo evalúa sobre la marcha cuál es la técnica intestinal más conservadora y segura, evitando los sesgos propios de cada especialidad por separado.
Preservación de la funcionalidad
Se protegen activamente los nervios pélvicos y los esfínteres. Esto es lo que evita que la paciente despierte con disfunciones urinarias, problemas de continencia o pérdida de sensibilidad sexual (anorgasmia).
Respuesta inmediata ante imprevistos
Frente a una complicación inesperada, como un sangrado vascular complejo, se cuenta con la pericia cruzada de dos especialistas de alto nivel actuando al unísono.
Cirugía conservadora por entrenamiento
Se evitan resecciones masivas por exceso de prudencia. Un cirujano digestivo acostumbrado a la endometriosis sabrá que muchos nódulos se pueden "afeitar", salvando un segmento de colon que un ginecólogo operando en solitario podría decidir extirpar por falta de entrenamiento específico en el tracto intestinal.
Los datos clínicos no mienten: cuando estas operaciones se realizan en unidades multidisciplinares de alto volumen (aquellas que superan el medio centenar de intervenciones de este tipo al año), las complicaciones se desploman y el alivio del dolor se dispara. Para la paciente, elegir al equipo adecuado es, de lejos, la decisión más importante del proceso.
Preservar el órgano y la función:
adiós a las resecciones mutilantes innecesarias
Es hora de desterrar mitos profundamente arraigados. Que una paciente tenga un nódulo en el colon no implica que deban extirparle 20 centímetros de intestino por defecto. Y, sobre todo, que una mujer sufra de dolor pélvico incapacitante por endometriosis intestinal no se soluciona con una histerectomía.
El útero no es la raíz de este problema anatómico. Extirparlo no va a curar un nódulo adherido al recto. La histerectomía solo tiene cabida clínica cuando el propio útero está gravemente enfermo (adenomiosis incapacitante) o cuando la paciente, con toda la información sobre la mesa y habiendo agotado el resto de vías, así lo decide libremente.
La cirugía moderna de la endometriosis se define por la neuropreservación y el respeto a la funcionalidad. Incluso en los escasos escenarios donde resulta prudente derivar
Una mirada empática hacia ti que nos lees
Entendemos que leer sobre isquemia, oclusión intestinal o resecciones puede asustar. Pero queremos que te lleves un mensaje de esperanza basado en la realidad científica actual: la endometriosis intestinal tiene soluciones quirúrgicas altamente efectivas, seguras y respetuosas con tu anatomía cuando caen en manos expertas. No estás exagerando ni somatizando. Cada cólico menstrual, cada sensación de bloqueo interno, cada miedo a comer antes de un viaje o a tener relaciones por el dolor posterior, tiene una base orgánica que merece ser investigada a fondo y tratada con la máxima delicadeza.
El primer paso es obtener un diagnóstico preciso mediante ecografía avanzada y resonancia magnética realizada por radiólogos dedicados a la endometriosis. El segundo, y más determinante, es buscar ese equipo multidisciplinar que aúne ginecología, cirugía digestiva, urología, fisioterapia de suelo pélvico, nutrición y psicología, porque la enfermedad es compleja y merece una respuesta integral.
La cirugía moderna de la endometriosis intestinal no es una mutilación: es una restitución. Es devolver al intestino su elasticidad, a la pelvis su libertad de movimiento y a ti la calidad de vida que la enfermedad te había robado.
Ver bibliografía científica
Dunselman, G. A. J., et al. (2014). ESHRE guideline: management of women with endometriosis. Human Reproduction.
Becker, M., et al. (2022). ESHRE guideline: endometriosis. Human Reproduction Open.
Salmeri, N., et al. (2023). Microbiota in Irritable Bowel Syndrome and Endometriosis. Microorganisms.
Mușat, F., et al. (2023). Endometriosis as an Uncommon Cause of Intestinal Obstruction. Journal of Clinical Medicine.
De Ceglie, A., et al. (2008). Acute small bowel obstruction caused by endometriosis. World Journal of Gastroenterology.
Fanfani, F., et al. (2010). Discoid or segmental rectosigmoid resection. Fertility and Sterility.
Afors, K., et al. (2016). Segmental and discoid resection are preferential to bowel shaving. JMIG.
