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Neurogénesis, daño nervioso y dolor crónico

La conexión entre la endometriosis, los nervios y el dolor crónico

Alcanzamos aquí uno de los puntos clave de todo este camino y, seguramente, el más liberador. Hablamos de la explicación a una realidad que experimentan muchísimas pacientes a las que, sin embargo, casi nunca se les da una respuesta clara: ¿por qué sigue doliendo, o incluso duele más o en zonas nuevas, tras una intervención quirúrgica en la que teóricamente se han eliminado todos los focos?

La razón principal es que la endometriosis hace mucho más que ocupar un espacio físico; en realidad, altera el sistema nervioso circundante. En una primera fase lo hace de manera local, creando terminaciones nerviosas propias. Posteriormente, si el diagnóstico se retrasa o el dolor se cronifica, esta alteración llega a la médula espinal y al cerebro. Nuestro sistema nervioso central termina "aprendiendo" a generar señales de dolor ante estímulos cada vez más leves.

Este fenómeno se conoce clínicamente como sensibilización y cuenta con un respaldo biológico rotundo. Es fundamental dejar claro que no es ansiedad, no estás exagerando y, desde luego, el dolor no es psicológico. Se encuentra arraigado en tu sistema nervioso, siendo una condición tan real y susceptible de tratamiento como lo es cualquier tejido inflamado del cuerpo.

Comprender este mecanismo resulta vital por dos cuestiones sumamente prácticas. Por un lado, da sentido al hecho de que el tamaño de un quiste o implante no guarda relación directa con la cantidad de dolor que padeces. Por otro, te otorga las herramientas necesarias para reclamar un enfoque médico integral, uno que no se limite exclusivamente al bisturí cuando el sufrimiento no cesa.

La lesión construye su propia red nerviosa: qué es la neurogénesis

Cualquier implante de endometriosis actúa como un tejido completamente vivo, el cual precisa establecer comunicación con el resto del organismo tanto para garantizar su supervivencia como para generar esa respuesta dolorosa. Para lograrlo, libera de manera activa el denominado Factor de Crecimiento Nervioso (NGF) y otras moléculas similares, como el BDNF.

Actuando como verdaderos imanes, estas sustancias atraen el crecimiento de nuevas fibras nerviosas (ya sean sensitivas, simpáticas o parasimpáticas) hacia el núcleo de la propia lesión. A este proceso biológico se le denomina neurogénesis, y suele ir de la mano de la neuroangiogénesis, que no es más que la formación simultánea de nuevos vasos sanguíneos para nutrir el tejido.

Diferentes investigaciones realizadas en muestras de tejido humano han corroborado que la densidad de estas fibras alrededor de los focos endometriósicos es significativamente mayor de lo normal. De hecho, se ha comprobado la existencia de una correlación directa entre dicha proliferación nerviosa y la severidad del dolor que sufre la paciente, siendo esto especialmente evidente en los casos de dispareunia profunda.

Para explicarlo de un modo más gráfico: el implante no se limita a "irritar" un nervio que, por casualidad, pasaba por allí. Lo que hace es tejer su propio sistema de cableado.

En este contexto, la fibrosis y las temidas adherencias derivadas de la enfermedad tampoco son simples cicatrices inertes; ejercen de andamiaje, sosteniendo y resguardando toda esa intrincada red nerviosa hipersensible. Esta es la auténtica razón por la cual una lesión casi milimétrica tiene la capacidad de desencadenar un dolor atroz. Lo que va a marcar el nivel de sufrimiento nunca es la dimensión física del implante, sino la potencia de su propia "instalación eléctrica".

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Imagen adaptada de Arnold, J. et al. (2021), publicado en International Journal of Molecular Sciences / MDPI. Disponible bajo licencia CC BY 4.0.

Cuando el nervio queda atrapado o directamente invadido:
la neuropatía periférica

En los cuadros de endometriosis profunda, no siempre ocurre que el tejido anómalo se limite a envolver o rodear la estructura nerviosa. Hay ocasiones en las que da un paso más allá, llegando a invadirla o a ejercer una compresión física directa sobre ella. A este fenómeno se le denomina neuropatía periférica pélvica y, por norma general, suele comprometer principalmente a tres nervios:

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Nervio ciático

Mimetiza síntomas de hernia discal. Produce un dolor que irradia desde el glúteo hasta el pie, con hormigueos y debilidad. Su patrón suele ser cíclico, pero el daño prolongado puede causar déficit neurológico permanente.

Nervio pudendo

Desencadena la neuralgia pudenda, descrita como quemazón o "chispazos" en el periné. Empeora al estar sentada y frecuentemente es etiquetada erróneamente como una simple disfunción del suelo pélvico.

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Nervio ilioinguinal

Afecta a la pared abdominal, generando un dolor que se irradia hacia la ingle y la parte superior del muslo. Es sumamente común que este cuadro sintomatológico acabe confundiéndose con el de una hernia.

Llegar al diagnóstico exacto de estas complicaciones supone un verdadero reto clínico. El motivo principal es que las exploraciones neurológicas y ginecológicas tradicionales o "de rutina" suelen arrojar resultados completamente normales, lo que alarga la incertidumbre de la paciente.

Afortunadamente, la incorporación de herramientas avanzadas como la neurografía por resonancia magnética (una técnica de imagen diseñada de forma específica para visualizar con detalle los propios trayectos nerviosos) ha supuesto un avance enorme en la detección de este tipo de lesiones atípicas. De hecho, cuando estas pruebas son interpretadas por manos expertas, alcanzan una sensibilidad que ronda el 92 %.

Saber reconocer esta realidad clínica es de vital importancia: cuando el dolor de una paciente se sale del patrón ginecológico clásico y calca el recorrido anatómico de un nervio concreto, es exactamente ahí donde los especialistas deben apuntar e investigar.

Cuando sube el "volumen" del dolor en la médula y el cerebro: la sensibilización central

Llegamos a la causa principal del dolor crónico y, curiosamente, a la gran ausente en las explicaciones que solemos recibir en la consulta. La IASP define la sensibilización central de forma clara: las neuronas de nuestro sistema nervioso central reaccionan de forma exagerada ante estímulos cotidianos.

Tras años de inflamación y dolor incesante, el cerebro y la médula se "reprograman", haciendo que el umbral de aguante caiga en picado hasta fabricar dolor sin un estímulo físico real.

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Hiperalgesia

Un estímulo doloroso leve se percibe con una intensidad desproporcionada.

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Alodinia

Sentir dolor real ante estímulos inofensivos, como el simple roce de la ropa.

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Cambios cerebrales

Pérdida de sustancia gris y fallos en la conexión de las zonas que procesan el sufrimiento.

Esta sensibilización afecta hasta al 60% de las mujeres en estadio IV. Resolver esta mecánica explica por qué el dolor persiste incluso cuando el cirujano no encuentra lesiones visibles en la laparoscopia.

Sensibilización cruzada: el motivo por el que también duelen la vejiga, el intestino o la vulva

Nuestra pelvis comparte toda la instalación eléctrica. Los nervios que van al útero, a la vagina, a la vejiga y al intestino terminan cruzándose exactamente en los mismos ganglios y en las mismas zonas de la médula espinal. ¿Qué ocurre entonces? Que si tienes un órgano crónicamente inflamado, esa altísima excitación nerviosa se acaba contagiando a los vecinos. Y lo hace aunque esos órganos estén limpios y no tengan ni rastro de endometriosis.

Sensibilización
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Sensibilización y neurogénesis periférica. Imagen adaptada de Maddern, J. et al. (2020), publicado en Frontiers in Cellular Neuroscience. Disponible bajo licencia CC BY 4.0.

En medicina llaman a esto sensibilización cruzada. Es la razón de peso que justifica por qué la endometriosis suele venir acompañada de otros invitados indeseables: el síndrome del intestino irritable, la cistitis intersticial (o vejiga dolorosa), dolores severos en el suelo pélvico o vulvodinia. Por eso resulta tan frustrante saltar de consulta en consulta; a menudo el especialista te hace pruebas, te dice que en ese órgano en concreto "todo está perfecto" y te manda a casa, ignorando que el origen del cortocircuito está justo en el piso de al lado.

Tener esto claro nos ayuda a encajar por fin las piezas del puzzle, ya que el problema de la amplificación del dolor rara vez se queda encerrado únicamente en la pelvis. Este mismo fallo de base en el sistema nervioso central aclara por qué las afectadas tenemos tantas papeletas de acabar sufriendo también migrañas crónicas o fibromialgia con el paso del tiempo. Al final, todas estas patologías aparentemente desconectadas comparten una misma raíz biológica: un sistema nervioso que, tras años de recibir alertas constantes, se ha quedado atascado procesando las señales diarias con el volumen al máximo. Bajar esos decibelios es una de las claves para recuperar nuestra calidad de vida.

El gran enigma: ¿por qué el dolor se queda tras pasar por quirófano?

Y aquí llegamos a la pieza que más necesitamos que nos expliquen de una vez por todas. La cirugía es fantástica para atajar el problema físico y local. Los cirujanos entran, limpian los implantes, liberan el nervio que estaba atrapado o retiran las molestas adherencias. Todo eso es vital, pero el bisturí no incluye un botón de "reinicio" automático para un sistema nervioso central que ya se ha acostumbrado a vivir con el volumen del dolor al máximo.

Esta es la auténtica razón por la que, aunque una cirugía de excisión completa siga siendo nuestra mejor baza y el tratamiento de referencia, entre un 30 % y un 50 % de las compañeras continúan padeciendo dolor o necesitan volver a quirófano en los cinco años siguientes.

Para que veas que esto no son simples suposiciones: un importante estudio con más de doscientas mujeres demostró que el nivel de sensibilización central que marcaban antes de operarse predecía con asombrosa exactitud cuánto dolor iban a seguir sufriendo meses después. Dicho de otro modo, cuanta más sensibilización traigas de casa, más papeletas tienes de que el dolor persista, sin importar lo impecable que haya sido la operación a nivel técnico.

En medicina actual, cuando el dolor sigue machacando a pesar de haber recibido el tratamiento correcto, lo clasifican como dolor nociplástico. Y ojo, no te ponen esta etiqueta porque "no tengas nada", sino porque la forma en que tu cuerpo procesa el dolor está averiada. Necesitas un enfoque médico diferente, que vaya mucho más allá de las pastillas hormonales o de entrar otra vez a quirófano.

Pasar a la acción: el enfoque multimodal que de verdad funciona

Dentro de este escenario hay una excelente noticia: esa sensibilización central no es una condena inamovible ni una cicatriz; se puede tratar y modular. La ciencia nos dice que la mejor forma de plantar cara es atacando desde varios frentes a la vez. Es lo que los especialistas llaman un abordaje multidisciplinar:

01

Cirugía de excisión completa, temprana y definitiva

Hacerlo una sola vez y bien. Cuanto antes quitemos lo que está provocando el daño físico real (el implante, el nervio pillado, la fibrosis), menos tiempo le damos al sistema nervioso para que se acostumbre a amplificar las señales. Por el contrario, entrar a quirófano una y otra vez solo consigue disparar el riesgo de sufrir dolor neuropático crónico.

02

Fisioterapia especializada en suelo pélvico

No hablamos de simples masajes. Hablamos de tratar esa hipertonía muscular brutal y los dichosos puntos gatillo que casi siempre acompañan al dolor crónico. Por sí solos, estos problemas de la musculatura son capaces de mantener el dolor vivo aunque ya no te quede ni un milímetro de endometriosis en el cuerpo.

03

Comprender la neurociencia del dolor

Entender qué te pasa y cómo funciona esta sensibilización (que es exactamente lo que estás haciendo al leer esto) ya es terapéutico en sí mismo. Saberlo te ayuda a rebajar el miedo a moverte y frena esa sensación de catástrofe total; dos cosas que, sin querer, solo sirven para retroalimentar el bucle del dolor.

04

Tratamiento médico dirigido (neuromoduladores)

Cuando el especialista lo ve indicado, hay que recurrir a fármacos pensados específicamente para calmar un sistema nervioso central alterado, y no a los analgésicos tradicionales que, en estos casos, apenas nos hacen cosquillas.

05

Cuidar el sueño, el estrés y tu estado de ánimo

Y que quede muy claro: no pedimos que cuides esto porque tu dolor sea "psicológico". Lo hacemos porque dormir mal o vivir con ansiedad altera directamente la química y la excitabilidad de tu sistema nervioso.

Ninguno de estos pilares es un parche que sustituya a los demás. El secreto es que trabajen en equipo y, sobre todo, no dejarlo para mañana. Cada mes que pasamos dando tumbos sin un diagnóstico ni un tratamiento real, es tiempo extra que le regalamos a la enfermedad para que deje su huella en nuestro sistema nervioso.

Tu sistema nervioso no miente

Si ya has pasado por una cirugía y el dolor no te suelta. Si en la consulta te insisten en que "clínicamente todas las pruebas salen bien" mientras tu cuerpo te grita exactamente lo contrario. O si notas que, de un tiempo a esta parte, te duelen más cosas y en sitios completamente nuevos. Escucha bien esto: no te lo estás inventando, no exageras y no has fracasado con tu tratamiento.

Tu sistema nervioso, a lo largo de los años y con motivos de sobra, ha aprendido a defenderse a capa y espada de una amenaza que era muy real. Eso se puede tratar, por supuesto, pero el primer paso indispensable es llamarlo por su nombre. Y, sobre todo, exigir que se le mire de frente, con el mismo rigor y la misma seriedad clínica con la que tratarían cualquier otra lesión visible de tu cuerpo.

Bibliografía — Afectación nerviosa

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